NUESTRA BODEGA · PURMAMARCA, JUJUY
Una historia en la Quebrada
Siete generaciones, cuatro países, un ferroviario trentino que miró por la ventanilla del tren y decidió quedarse.
En algún momento de 1907, mientras construía el tramo del ferrocarril que uniría Jujuy con Bolivia, Conrado Armanini miró por la ventanilla, vio la Quebrada de Humahuaca y decidió que no iba a seguir hasta La Quiaca. Se quedó en Tilcara.
Conrado Armanini,
el trentino que se quedó
Sus primeros hijos habían nacido en Santiago del Estero, siguiendo la obra del ferrocarril. Pero Santina ya nació en Huacalera — señal de que algo en esa tierra lo estaba deteniendo.
Como los extranjeros no podían comprar tierras fácilmente, Conrado consiguió una concesión sobre los terrenos ganados al río, montó un comedor precario y un albergue. Fue echando raíces. Años más tarde fundaría el Hotel La Esperanza en la calle Belgrano de Tilcara — ese hotel que sería el centro de la vida familiar por décadas.
"El Abueli,como todos lo llamaban, hacía vino en el patio con lo que la tierra le daba."


La Segunda Generación
Bertil y Olga:
dos linajes, una mesa
En el Ingenio, Olof conoció a Erna Voigt — hija de Federico Voigt, danés, y Giovanna Bollati, de Moretta, en el Piamonte italiano. De Olof y Erna nació Bertil Kindgard — pionero de una industria jujeña que se estaba formando, fundador de Celulosa Jujuy, quien forestó cerros y quebradas de las zonas húmedas con una visión que pocos tenían entonces. Era también un sibarita: le gustaba la mesa bien puesta, el vino, la conversación larga.
Bertil se casó con Olga Storni — hija de Fabián y Santina, nieta del Abueli Conrado. Olga había crecido entre San Salvador de Jujuy y los largos veranos en Tilcara, con esa pasión por la tierra y las plantas heredada de su padre agrónomo. Conocía la Quebrada como paisaje íntimo, como pertenencia.
"Esa aura mágica y misteriosa que, una vez que entra, no suelta."



II · El encuentro
El Ingenio Ledesma
como punto de convergencia
Fabián Storni era de familia romana que, por razones políticas, había migrado a Sala Capriasca, en el cantón del Ticino suizo, antes de llegar a la Argentina. Agrónomo de vocación, se instaló en las Yungas jujeñas, en el Ingenio Ledesma — ese mundo verde y húmedo que se esconde detrás de los cerros de Tilcara. Allí conoció a Santina Armanini, la hija del trentino, y se casaron.
Una generación después, también en el Ingenio, aterrizó Olof Johansson, llegado casi directamente desde Suecia. La ley sueca exigía apellidos fijos y hereditarios. Olof tenía dos fincas: una llamada Kind y otra Nigord. Eligió Kind, le agregó gård — que en sueco significa finca, tierra propia — y firmó como Kindgard. Un apellido nuevo, inventado sobre una geografía lejana, que terminaría siendo el nombre de una bodega en Purmamarca.
"Los Kindgard y los Storni-Armanini convergieron en esas yungas, y de esas uniones nacería todo lo que vino después."

El regreso · 2019
Adolfo y Mercedes:
de Roma a Purmamarca
De Bertil y Olga nació Eduardo Kindgard. Eduardo se casó con Lucrecia Vigna, de origen lombardo, nacida en Azul. Y de Eduardo y Lucrecia nació Adolfo — agrónomo como su bisabuelo Fabián Storni, criado entre la industria y las forestaciones, los pinos pátula que hoy dan nombre a uno de los vinos de la bodega, y esa bruma mágica de la Quebrada que recorre a la familia desde que Conrado la vio por primera vez desde el tren.
Adolfo estudió agronomía en la Universidad de Buenos Aires, donde conoció a Mercedes Grondona — de una familia genovesa de la Liguria, con esa misma vocación mediterránea por la tierra y la mesa. La vida los llevó a Roma por razones de trabajo, y allí — con la caprichosa lógica de la historia — nacieron los tres: Bruno Federico, Manuel Olof y Santina. Romanos de nacimiento, quebradeños de destino.
Volvieron. A la Quebrada, a Purmamarca, a la tierra que Conrado había visto por primera vez desde la ventanilla de un tren y había elegido como propia. En 2019 plantaron las primeras vides. Para hacer los vinos convocaron a Tanita Bellincioni — nieta de Olga y Bertil, prima hermana de Adolfo, enóloga — porque en esta familia, cuando algo importa, se hace entre todos.
